JOAN POL’S SOLO EXPOSICION
INAUGURATION: 19H30
21 de noviembre – 5 de diciembre de 2026
ANOMALIE Studio Gallery, Palma
Texto curatorial
Hay paisajes que reconocemos y otros que parecen pertenecer a algún lugar dentro de nosotros para el que nunca se ha trazado un mapa.
Las pinturas de Joan Pol habitan ese territorio entre lo visible y lo intangible, donde aquello que creemos reconocer comienza a escapársenos.
El artista habla de sedimentación. Una palabra que parece describir no solo cómo se construyen sus pinturas, sino también cómo contienen el tiempo. Sus superficies recuerdan a cortes geológicos: pigmentos, fibras, agua y materia que se depositan, se alteran, quedan ocultos y, en ocasiones, vuelven a aflorar. Cada nueva capa transforma el significado de la anterior. Contemplarlas es casi como pasar las páginas de una existencia en sentido inverso, buscando los instantes que han perdurado bajo lo visible. Lo que permanece nunca cuenta la historia completa.
Quizá por eso estas superficies nos resultan tan extrañamente familiares. También nuestras vidas se transforman por lo que acumulan y por lo que llevan consigo. Un encuentro, una ausencia, un instante olvidado pueden seguir dando forma a lo que viene mucho después de que sus contornos hayan desaparecido.
Y, sin embargo, ningún gesto parece tener la última palabra. El artista permite que la materia se comporte a su manera, que oponga resistencia, que tome direcciones inesperadas. Interviene, se retira, borra, reconstruye. La pintura se convierte en una negociación entre la intención y el azar, entre aquello que el artista se propone crear y lo que la propia obra acaba revelándole.
La música parece habitar estas pinturas sin llegar nunca a emitir un sonido. Está presente en los intervalos, en la tensión entre un movimiento y el siguiente, en el delicado equilibrio entre lo que se expresa y lo que se calla. Los lugares que Pol ha conocido a lo largo de sus viajes —el Mediterráneo, el norte de África, Oriente— se han incorporado a su pintura de una manera semejante. No como paisajes destinados a ser reproducidos, sino como algo que se absorbe, que atraviesa distancias y que la memoria transforma lentamente, hasta que sus orígenes dejan de distinguirse con claridad.
Y entonces aparece el silencio.
El título La geografía del silencio, elegido por el propio artista, me parece especialmente revelador. La geografía suele describir los contornos del mundo que nos rodea. Aquí se convierte en una manera de aproximarnos a lo que llevamos dentro. El silencio, por su parte, no es vacío ni retirada. Es una forma de atención, la rara libertad de permanecer ante algo sin exigirle que se explique.
Nada en estas obras ha permanecido ajeno al movimiento y, sin embargo, algo en ellas permanece inmóvil. Quizá el silencio no sea aquello que queda cuando los gestos terminan, sino lo que esos mismos gestos, con el tiempo, han hecho posible. Como si la pintura, después de atravesar tantas transformaciones, hubiera llegado finalmente a un lugar donde ya no hiciera falta decir nada más.
Estas pinturas no nos piden que identifiquemos un lugar. Nos invitan a habitarlo.
Nathalie Vin
Comisaria de la exposición · ANOMALIE Studio Gallery